EXAMEN MÉDICO PSICOLÓGICO

 EL EXAMEN MÉDICO PSICOLÓGICO COMO COMPLEMENTO DEL EXAMEN MÉDICO GENERAL


El examen de un enfermo queda inconcluso si el médico no explora el estado mental  y  otras  áreas  psicológicas  de  interés.  El  enfoque  médico-psicológico hace  necesario  que  desde la  primera  entrevista  el  médico  establezca  con  el paciente una relación cordial  y significativa para ambos; indague la presencia de  alteraciones  de  la  conducta,  síntomas  mentales  y  estados  psicológicos; reconozca  si  en  la  vida  familiar,  ocupacional  o  social  del  enfermo  se  han suscitado  recientemente  situaciones  de  conflicto,  frustración,  pérdida  o amenaza  a  su  seguridad; identifique  las  actitudes  del  sujeto  hacia  su  propio padecimiento  y  sus formas de contender  con  él,  y  por  último, reconozca  los rasgos  dominantes  de  su  personalidad  expresados  en  su  estilo  y  forma  de relacionarse con los demás.

 

Se podrán recabar datos acerca de sus experiencias infantiles y juveniles, esto es de la atmósfera que le rodeó en casa, en la escuela y en su ámbito social inmediato, y se analizará la calidad de relación que estableció con sus padres, hermanos y otras personas importantes en su familia.

 


ENTREVISTA 

 

Éste examen es una extensión del examen médico habitual, y cubre las áreas tradicionalmente incluidas en éste:

 

Motivo de  la  consulta. 

 

Tal cual el problema por el  cual  el paciente indica que ha acudido a consulta.   

 

Enfermedad actual.    

 

Interrogatorio  por  aparatos  y  sistemas.  Los  síntomas referidos no siempre son  expresión  de  desórdenes  orgánicos,  sino  que  pueden  ser manifestación  de  tensión  excesiva,  angustia,  cólera  inexpresada, abatimiento del humor, etc.  

 

Hábitos. 

La frecuencia de las perturbaciones del  sueño y del apetito en diversos desórdenes psicopatológicos hace que el interrogatorio acerca de ellas adquiera importancia. Debe aclararse si hay abuso de bebidas alcohólicas  o  medicamentos  hipnóticos,  sedantes  o  estimulantes.  El hábito de fumar y de tomar café en forma compulsiva, debe ser objeto de atención.    

 

Situación  actual.

 

Personal,  familiar  y  social.  Aquí  es  oportuno  dirigir  el interrogatorio  hacia  las  circunstancias  en  la  vida  del  enfermo  que pudieran general  en él tensiones, conflictos o  estados de frustración y desaliento.

 

Antecedentes patológicos personales y familiares. 

 

Indagar sobre la infancia del paciente,  y  preguntar  si  tiene  familiares  con  antecedentes  de psicopatologías.   

 

Observación  del  paciente  durante  la  entrevista. 

Una  fuente  importante  de información acerca del estado mental del enfermo es su comportamiento durante la entrevista inicial y las subsecuentes.

 

La diferencia radica en la mayor atención que se presta a la observación de la conducta  y  la  extensión  que  se  da  al  examen  mental  y a los  aspectos personales, familiares y sociales del sujeto.

 

EXAMEN DEL ESTADO MENTAL 

 

El  aspecto en  el que el examen  médico-psicológico complementa  el  examen convencional es el énfasis en la revisión de las funciones mentales.  Las áreas que han de ser cuidadosamente exploradas son:

Afectividad.  

 

En  general,  cuando  los  estados  afectivos  displacenteros- abatimiento  del  humor,  angustia,  vergüenza,  culpa,  rencor  y desesperanza-  son  intensos,  persistentes  o  recurrentes,  indican  una alteración  del  equilibrio  psicológico.  ¿Ha  sufrido un  cambio importante?

 

La gama de posibles síntomas equivalentes de los estados depresivos es muy extensa e incluye dolores, disfunciones viscerales, fobias, obsesiones, cambios importantes en la conducta, agudización de conflictos interpersonales y abuso del alcohol o de otras drogas estimulantes o sedantes.

 

Otro desorden afectivo que debe ser investigado siempre es la angustia, que es un estado de aprehensión o miedo indefinido que se experimenta en ausencia de estímulos externos realmente peligrosos o amenazantes.  Es frecuente que depresión  y  angustia  se  presenten  juntas  y  que  la  angustia  sea  sólo  un componente de la depresión.

 

Un  trastorno  más,  acerca  del  cual  se  debe  interrogar  a  los  enfermos,  es  el estado de excitación y tensión aprehensiva que se manifiesta por irritabilidad y por la tendencia a reaccionar en forma violenta ante provocaciones pequeñas.

 

La conciencia y las funciones intelectuales. Conciencia es tener conocimiento de uno mismo y del entorno; cuando se habla de funciones intelectuales se  hace  referencia  a  la  habilidad  de  prestar  atención,  orientarse, memorizar, aprender y hacer juicios.

 

Las alteraciones de la conciencia y de las funciones intelectuales generalmente expresan  trastorno  o  enfermedad  cerebral.  La  exploración  de  las  funciones intelectuales comprende el estudio de la orientación, la memoria y el juicio.

 

La forma de iniciación y curso de los síntomas ayudan a diferenciar defectos de las  funciones intelectuales  de  carácter  pasajero  (delirios  tóxicos,  infecciosos, metabólicos,  etc.)  de  otros  en  los  cuales  el  deterioro  de  estas  funciones  es crónico y usualmente progresivo como en las demencias.

 

Forma y contenido de los pensamientos. 

 

A la persona que sufre un desorden psicopatológico  severo  puede  serle  difícil  o  imposible  controlar  sus pensamientos,  usarlos  en  forma  realista  y  adaptarlos  a  las circunstancias.

 

Puede preguntarle  al enfermo si es afectado por pensamientos o impulsos inoportunos, si su atención tiende a fijarse en forma exagerada en alguna idea o  problema o  si hay  algunas situaciones u objetos  cuya  presencia le  suscita miedo desproporcionado. Estas preguntas y otras semejantes están dirigidas a elucidar la presencia de los síntomas neuróticos más comunes: las obsesiones, las  compulsiones  y  las  fobias.  Cuando  se  sospecha  que  el  enfermo  pudiera estar  sufriendo  un  trastorno  severo,  por  ejemplo,  una  psicosis,  se  hace indispensable  aclarar  si  sus  pensamientos  contienen  ideas  de  carácter delirante, mismas que se acompañan con frecuencia, pero no necesariamente de alucinaciones.

 

Las  ideas  delirantes  son  ideas  falsas,  mantenidas  individualmente  e inaccesibles a la razón, las más frecuentes son las de persecución, influencia, referencia,  grandeza,  culpa  y  miseria.  Lo  que  es  significativo  es  como  el enfermo  se  aparta  de  la  realidad  como  un  asunto  personal,  las  ilusiones  y alucinaciones  son  trastornos  de  la  función  perceptiva;  las  ilusiones  son percepciones distorsionadas de datos sensoriales, mientras las alucinaciones ocurren en ausencia de los estímulos exteriores correspondientes.



 

Reacciones  del enfermo hacia su  enfermedad

 

El médico necesita formarse un juicio  acerca  de  la  perspectiva  de  la  que  el  enfermo  ve  su  condición patológica. 

Los  tres  tipos  no  saludables  de  reacción  a  la  enfermedad más comunes son la negación, la hostilidad y la pasividad.    

 

Identificación  de  rasgos  de  personalidad  y  conflictos  básicos.  Una información útil, se obtiene pidiendo al enfermo que nos describa lo que son, en su opinión,  los  rasgos  más  acusados  de  su  personalidad,  otra  fuente importante de información acerca de la personalidad de un paciente es preguntarle  acerca  de  sus  actitudes  y  sus  opiniones  acerca  de  las personas y situaciones que le conciernen.